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Conocer la vida de Ignacio de Loyola es peregrinar por su
experiencia de fe, adentrarse en su vivencia, y aprender su modo
particular de relacionarse con Dios. Todo esto es un elemento importante
en lo que comunmente denominamos "carisma ignaciano". No es sólo
un modelo de vida, está muy lejos de ser una ideología, no es una mera
idea filosófica, mucho menos una imitación de una lejana existencia. Se
trata de un encuentro cotidiano, basado en una amistad con Dios, que
transforma y desafía a la libertad más plena.
Ignacio el Maestro, era capaz de manifestar esta forma de
vivir y sentir en lo cotidiano una constante conversión al Dios amigo.
Por eso despertó llamados. Poco a poco, fue la espiritualidad ignaciana
misma la que (sin saberlo bien sus protagonistas) comenzaba a manifestarse
como inspiración divina que podía aplicarse tanto en la vida laical como
en la religiosa.
¿Qué hizo Ignacio? Simplemente ser fiel a un llamado. Un
llamado muy íntimo en la oración de los Ejercicios Espirituales, y al
mismo tiempo una voz imperceptible para cualquiera, más no para el
destinatario, que en la rara mezcla de gozo y temor se pone a trabajar en
la viña de un Amigo.
Ignacio es Promotor porque "promueve" la vida de sus cercanos a los más
grandes ideales, y atrae porque sabe dar a esos ideales cuerpo y forma para
que se realicen, aún aquellos que en cierto momento se transforman en
irrealizables. De su misma experiencia recoge la promoción a la amistad
profunda con Cristo, previa a cualquier seguimiento.
En Ignacio poco a poco descubrimos el perfil del promotor que
lanza a los suyos a desarrollar y vivir el deseo de sus vidas. Es aquel
que es capaz de acompañar, porque está seguro que tras los deseos más
profundos de todo hombre y mujer, trabaja arduamente el Dios Creador que
invita a la felicidad plena, frente a la cual debe ser cuidadosamente
fiel...
El Ignacio Promotor que conocemos a través del testimonio de
sus primeros compañeros es tremendamente respetuoso de los procesos
personales, puede ser identificado como un compañero de camino que está
muy lejos de "inducir" hacia metas, pues lo suyo es acompañar,
ya que sabe que en definitiva la vocación no es un invento de un
promotor, sino una iniciativa de Dios... Por eso es modelo de guía, por
eso es imagen del promotor que contagia.
Pero al mismo tiempo, Ignacio nos deja (como Maestro) su
propia pedagogía que es recogida hoy por muchos compañeros que en todo
el mundo siguen aplicando sus criterios de vida, acompañando con el
respeto debido las búsquedas personales de aquellos que desean conocer la
voluntad de Dios. Son muchos los hombres y mujeres que hoy
"promueven" vocaciones... En ellos, seguiremos encontrando no
simplemente palabras o consejos sapienciales sino testimonios de vida,
experiencia y sobre todo respeto al deseo más profundo de seguir a Cristo
adonde sea, con la misma confianza con la que lo hizo Ignacio...
humbi@jesuitas.org.ar
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