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Ignacio el Promotor

 

Miguel Humberto González SJ

 


    Conocer la vida de Ignacio de Loyola es peregrinar por su experiencia de  fe, adentrarse en su vivencia, y aprender su modo particular de relacionarse  con Dios. Todo esto es un elemento importante en lo que comunmente  denominamos "carisma ignaciano". No es sólo un  modelo de vida, está muy lejos de ser una ideología, no es una mera idea  filosófica, mucho menos una imitación de una lejana existencia. Se trata de  un encuentro cotidiano, basado en una amistad con Dios, que transforma y  desafía a la libertad más plena.

    Ignacio el Maestro, era capaz de manifestar esta forma de vivir y sentir en  lo cotidiano una constante conversión al Dios amigo. Por eso despertó  llamados. Poco a poco, fue la espiritualidad ignaciana misma la que (sin  saberlo bien sus protagonistas) comenzaba a manifestarse como inspiración  divina que podía aplicarse tanto en la vida laical como en la religiosa.

    ¿Qué hizo Ignacio? Simplemente ser fiel a un llamado. Un llamado  muy íntimo en la oración de los Ejercicios Espirituales, y al mismo tiempo  una voz imperceptible para cualquiera, más no para el destinatario, que en  la rara mezcla de gozo y temor se pone a trabajar en la viña de un Amigo.
Ignacio es Promotor porque "promueve" la vida de sus cercanos a los más  grandes ideales, y atrae porque sabe dar a esos ideales cuerpo y forma para  que se realicen, aún aquellos que en cierto momento se transforman en  irrealizables. De su misma experiencia recoge la promoción a la amistad  profunda con Cristo, previa a cualquier seguimiento.

    En Ignacio poco a poco descubrimos el perfil del promotor que lanza a los  suyos a desarrollar y vivir el deseo de sus vidas. Es aquel que es capaz de  acompañar, porque está seguro que tras los deseos más profundos de todo  hombre y mujer, trabaja arduamente el Dios Creador que invita a la felicidad  plena, frente a la cual debe ser cuidadosamente fiel...

    El Ignacio Promotor que conocemos a través del testimonio de sus primeros  compañeros es tremendamente respetuoso de los procesos personales, puede ser  identificado como un compañero de camino que está muy lejos de "inducir"  hacia metas, pues lo suyo es acompañar, ya que sabe que en definitiva la  vocación no es un invento de un promotor, sino una iniciativa de Dios... Por  eso es modelo de guía, por eso es imagen del promotor que contagia.

    Pero al mismo tiempo, Ignacio nos deja (como Maestro) su propia pedagogía  que es recogida hoy por muchos compañeros que en todo el mundo siguen  aplicando sus criterios de vida, acompañando con el respeto debido las  búsquedas personales de aquellos que desean conocer la voluntad de Dios. Son  muchos los hombres y mujeres que hoy "promueven" vocaciones... En ellos,  seguiremos encontrando no simplemente palabras o consejos sapienciales sino  testimonios de vida, experiencia y sobre todo respeto al deseo más profundo  de seguir a Cristo adonde sea, con la misma confianza con la que lo hizo  Ignacio...

                                            humbi@jesuitas.org.ar
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